Antes de cada encendido, recorta la mecha a cinco o siete milímetros para prevenir el temido “hongo” y las llamaradas iniciales. Usa tijeras específicas, un corta-mechas o, en su defecto, pellizca suavemente cuando esté fría. Retira residuos del charco para que no actúen como segunda mecha. Con este gesto mínimo, reduces hollín, mejoras el aroma y extiendes la vida de la cera de forma notable.
Antes de cada encendido, recorta la mecha a cinco o siete milímetros para prevenir el temido “hongo” y las llamaradas iniciales. Usa tijeras específicas, un corta-mechas o, en su defecto, pellizca suavemente cuando esté fría. Retira residuos del charco para que no actúen como segunda mecha. Con este gesto mínimo, reduces hollín, mejoras el aroma y extiendes la vida de la cera de forma notable.
Antes de cada encendido, recorta la mecha a cinco o siete milímetros para prevenir el temido “hongo” y las llamaradas iniciales. Usa tijeras específicas, un corta-mechas o, en su defecto, pellizca suavemente cuando esté fría. Retira residuos del charco para que no actúen como segunda mecha. Con este gesto mínimo, reduces hollín, mejoras el aroma y extiendes la vida de la cera de forma notable.
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